Excomandante de la Armada de era García admitió que se reunieron con Cardama antes de comprarle los buques

El excomandante en jefe de la Armada, Jorge Wilson, compareció este lunes ante la comisión parlamentaria que investiga la compra de dos patrullas oceánicas (OPV) al astillero español Cardama. Su declaración, obtenida en versión taquigráfica por medios de prensa, aportó datos inéditos sobre los contactos previos a la adjudicación y sobre las dudas técnicas que la propia Armada arrastraba.

Wilson reconoció que el capitán de fragata Gerardo Moreira, quien antes representaba a Lürssen, le acercó una propuesta de un “astillero español muy conveniente”. “Le dije que presentara la propuesta, porque la directiva del ministro era conseguir alguna otra opción a la de los barcos noruegos, y de esa manera se le indicó que la presentara en el Ministerio de Defensa”, relató. La oferta fue derivada de vuelta a la Armada, donde comenzó a analizarse.

Pero el punto más delicado surgió al responder una pregunta del diputado frenteamplista Joaquín Garlo. Wilson admitió que, antes del informe final de la comisión asesora (fechado el 6 de julio), ya se había producido un encuentro con representantes de Cardama en una sala adyacente al despacho del ministro de Defensa.

“Por el lado de la Armada participó el director de Material, participé yo, participó el jefe de gabinete, creo que estaba el director de Secretaría, el de Financiero-Contable, y no me acuerdo si el ministro estaba o no estaba. Básicamente, Cardama aclaró muchas de las dudas que habían surgido de ese informe que se había hecho de la visita al astillero”, reveló el exjerarca militar.

Garlo le hizo notar que esa reunión fue el 13 de junio, tres semanas antes de que la comisión asesora emitiera su veredicto. Legisladores de distintos partidos pidieron precisiones sobre la presencia del entonces ministro Javier García. Wilson estimó que “debió haber estado” pero no tuvo “certeza”.

Uno de los pasajes que más llamó la atención fue cuando el excomandante confesó su preferencia personal. “De las opciones, la que más me gustaba a mí era la de Hyundai. Era un barco que excedía las 2.500 toneladas. Hyundai entregaba los dos barcos juntos y había alguna posibilidad de negociar la donación de algún material”, señaló. No obstante, el precio y los plazos de entrega lo hicieron inclinarse por Cardama.

Wilson también generó sorpresa al admitir que la Armada no evaluó la salud financiera del astillero. “La formación que nosotros tenemos no nos permite hacer un análisis de si un astillero está en condiciones de construir o no o de si la situación económica de ese astillero permite afrontar o no el desafío de lo que está proponiendo como oferta. Se le pidió al Ministerio que fueran ellos quienes hicieran esa investigación; nosotros no tenemos posibilidades”. Añadió que, tras conocerse la posible quiebra, volvió a hablar con García y le dijo que Defensa “tenía las herramientas o podía contratar a la gente que hiciera el seguimiento de eso”.

Otro flanco de contradicción apareció respecto a la aprobación del plano de la cuaderna maestra, que habilitó un pago de US$8 millones en los últimos días de la administración. Wilson sostuvo que ningún oficial naval puede garantizar el comportamiento de un buque solo a partir de ese diseño. “Por eso es que se solicita al Ministerio de Defensa la contratación de un ingeniero naval que pudiera llevar adelante el estudio de esa cuaderna maestra. Se nos responde que no y quedamos a que la aprobación de esa cuaderna viniera por parte de Lloyd’s Register, como validación”.

El excomandante insistió en que autorizó el desembolso porque “tenía plena convicción de que era el documento que estábamos esperando”. Sus dichos contrastan con los del contralmirante José Ruiz en la investigación administrativa de Defensa, aunque Wilson evitó polemizar: “Yo digo lo que yo vivencié”.

La comisión continuará con las citaciones. Mientras tanto, la frase de Wilson sobre sentirse “como un niño frente a una juguetería que pedía un juguete más y le decían que sí” quedó flotando en la sala como una metáfora incómoda de todo el proceso.